Combustión espontánea

Al principio es sutil: un cosquilleo en la mente que reclama atención, que empuja hasta hacerse hueco y se instala entre pensamientos, alzando los brazos cada vez que se le quiere pasar por alto.

Y se sale con la suya: crece alimentándose de ideas hasta que su presencia se hace insoportable y empieza a molestar. Pincha, grita, pellizca; se enrabieta cuando se le aparta por un momento sólo para volver con más fuerza después.

Prende fuego a la hoja en blanco y la consume con escenas, personajes, detalles. Pero tan repentino como empezó, acaba… Y del cosquilleo solo quedan rescoldos. Rescoldos y la tranquilidad de cerrar el cuaderno con una página emborronada más.

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