Ginebra

Cada noche moría en alcohol para olvidar que ya no tenía vida.

Ahogada y violada por las deudas y el desahucio; ahora buscaba con rabia lo que se le arrebató sin nobleza. Vivía en una habitación prestada y coleccionaba las carteras del señor Ron, del señor Vodka y de don Tequila.

Las sábanas arrugadas advertían sus hurtos cuando llegaba el alba. Descalza y de puntillas, abandonaba el hotel con su botín en la mano y la vergüenza derrotada.

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