Ciber-amor

“Mándame fotos. Quiero verte”.

Enter. Segundos de espera que se alargan mientras el “Escribiendo…” aparece en pantalla.

“Me da vergüenza”.

Él suspira pero no pierde la paciencia; sabe cómo convencerla.

“¿Vergüenza? Seguro que eres guapísima. Si me mandas una, te mando yo otra mía”.

Un minuto entero transcurre esta vez antes de que la foto de una rubia sonriente aparezca en pantalla. Su pelo se ondula sobre el escote y lo corto del vestido deja ver unas largas piernas.

Se apresura a volver al teclado.

“Eres preciosa”, le escribe antes de buscar en una carpeta y seleccionar la imagen de un chico moreno. La respuesta de ella le hace reír: “Tú también”. Ingresa en una web de contactos para tomar prestadas algunas más.

“Pero quiero ver tu cuerpo. Enséñame lo bonita que eres debajo del vestido”.

Una pausa aún más larga se extiende y empieza a preguntarse si ella sigue ahí, pero aparecen un par de fotos de la chica en ropa interior, posando de lo más sugerente. Al momento, añade una más con un primer plano de sus pechos desnudos. Él sonríe al tiempo que se acaricia la entrepierna.

“Ya no eres vergonzosa… Me estás poniendo malo ;)”

Solo es una zorra, como todas las demás. Todas quieren atención, un chico que les diga lo buenas que están y babee un rato por ellas. Cuando él les da lo que quieren, obtiene su premio a cambio.

“Mira lo que has hecho… ¿Cómo vas a solucionarlo?”, preguntó al enviarle una foto del muchacho con el miembro erecto. Al menos, eso no era del todo mentira.

“¿Qué puedo hacer?”

“Podemos vernos en mi casa. Estaré solo todo el finde, mis padres se van”.

“Tengo muchas ganas de verte, pero…”

Un momento de duda. Desconfianza.

“¿Y si tomamos un helado primero?”. No le daría ocasión de huir.

Una vez más, la respuesta tarda en aparecer.

“Un helado está bien”.

Se masajea el miembro con vigor, saboreando por adelantado el momento en que se verían. Ella buscaría a su alrededor con aire nervioso y le miraría con desilusión cuando se le presentara. Su rictus daría paso al horror al verse encerrada en el coche, y entonces…

Al levantar la vista, ve una nueva foto en pantalla.

“Me lo regalaron cuando cumplí 18, ¿te gusta?”

¡¿18?!

Su pene se vuelve fláccido al momento. Cierra el portátil sin molestarse en contestar; de todas formas, su mujer está a punto de llegar.

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