Receta reinterpretada

Del caldero se elevaban efluvios que hacían volar la cabeza de Trisha. Todo le daba vueltas y los ojos empañados no le dejaban ver bien lo que hacía con el cuchillo, así que las raíces de asfódelo le estaban quedando en trozos desiguales. Para colmo, la cocción se le había pasado ya de tiempo. Miró el reloj, apurada; Marla estaba a punto de llegar.

Se secó el sudor de la frente con las páginas sueltas del libro de recetas y trató de arreglar las raíces pero, cuanto más las retocaba, peor forma tenían. Terminó por clavar el cuchillo en la mesa con un gruñido de frustración; Poro se estremeció en su jaula ante aquel arranque y retrocedió contra los barrotes.

La pócima burbujeó furiosa cuando Trisha tiró los trozos dentro con descuido. «Unos minutos más y…», pensó, pero el líquido se oscureció hasta adquirir un tono oscuro, casi negro… y ella recordaba con claridad que el tono en el recetario era azul pálido. Tragó saliva para deshacer el nudo de nervios que tenía en la garganta.

—Tiene que haber una manera de… —murmuró para sí.

Buscó frenéticamente el cuaderno a su alrededor pero, cuando se inclinó para leer, las páginas estaban emborronadas. Se quedó mirando las líneas por unos segundos sin comprender lo que veía hasta que, horrorizada, se llevó una mano a la frente; al retirar los dedos manchados de tinta, dejó escapar un grito ahogado.

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