Salté

Mechones de pelo ondean sobre mí, agitados con violencia por el viento. Al viento lo oigo silbar en mis oídos, enfurecido cuando tira de mí queriendo retenerme. Agarra mis ropas mientras yo me hundo en él, cada segundo más cerca de una libertad que será real cuando mis huesos se estrellen contra el hormigón.

Con los ojos clavados en el cielo, una sonrisa se me dibuja en los labios.

Ginebra

Cada noche moría en alcohol para olvidar que ya no tenía vida.

Ahogada y violada por las deudas y el desahucio; ahora buscaba con rabia lo que se le arrebató sin nobleza. Vivía en una habitación prestada y coleccionaba las carteras del señor Ron, del señor Vodka y de don Tequila.

Las sábanas arrugadas advertían sus hurtos cuando llegaba el alba. Descalza y de puntillas, abandonaba el hotel con su botín en la mano y la vergüenza derrotada.